Así empieza la primera historia.
La luz en la colina lejana
Hay una hora, ya muy entrada la noche, en la que el mundo entero parece dormir. Las casas están oscuras, las calles en silencio, y solo aquí y allá sigue despierto un niño. En esa hora, y solo en esa, puede ocurrir que alguien toque en la ventana. Alguien que trae un milagro, solo para ese niño.
A Nora le llegó esa noche. Estaba bajo su manta y no lograba dormirse. En la barriga le hacía cosquillas algo, como si estuviera a punto de pasar algo bonito, solo que todavía no sabía qué.
Entonces lo oyó. Muy bajito, en el cristal de la ventana. Toc. Toc. Toc. Tan suave como pequeñas pompas de jabón que rozan el vidrio.
En la ventana había un resplandor, cálido y dorado, y se movía apenas, como si respirara. Y entonces, muy despacio, tomó forma. Primero dos ojos dulces. Y luego, sentada en el alféizar, había una corderita pequeña, con la lana encendida como una vela por dentro.
«No tengas miedo», dijo la corderita, y su voz era tan suave y tan cálida que Nora se sintió enseguida un poquito más valiente. «Soy Lumi. ¿Quieres ver algo que muy pocos han visto?» Nora asintió.
Entonces Lumi apoyó con mucha suavidad su frentecita luminosa contra el cristal. Y allí donde tocaba el vidrio, este empezó a brillar. Un resplandor cálido y dorado se fue extendiendo, despacio, como sale el sol por la mañana, hasta que ya no quedó cristal. Donde hacía un momento estaba la ventana, ahora había un portal de luz dorada y suave. Nora contuvo la respiración. Y detrás del portal no estaba la calle. Detrás del portal se extendía …
¿Cómo sigue?
Justo aquí se pone más bonito.
Lo que Nora descubre detrás del portal, la tierra donde nada bueno se pierde jamás, tu hijo lo vivirá por primera vez esta noche. Y mañana ya espera la historia siguiente.
Leer gratis desde hoyAsí lee tu hijo cada noche su propia historia, con su nombre y su compañero favorito dentro.